domingo, 10 de mayo de 2026

En peligro de extinción

15.

Susan Maxwell recopiló muchísima información: autopsias, historiales médicos, informes veterinarios, análisis Post-mortem de vísceras animales para determinar la causa del fallecimiento, estudio de las tierras de pastoreo, muestras de alimentos en raras condiciones nutricionales y, sobre todo, el testimonio de más de una docena de afectados, a quienes no les importaba, en absoluto, las consecuencias que pudieran acarrearles narrar, delante de un jurado, la agonía de sus seres queridos, y el día a día de aquellos que quedaron en estado vegetativo. Ashley Burris le pasó el contacto del esposo de una compañera del laboratorio, abogado y activista, dispuesto siempre a defender lo que para determinados empresarios adinerados carece de importancia. La primera toma de contacto se produjo en el despacho del letrado, situado en un pequeño estudio de Fire Tower Apartaments, en el 8 S Park Ave, muy cerca del centro de la ciudad de Helena. Una decoración minimalista, con mobiliario en tonos beis, sencillo y funcional, creaban un ambiente de confianza muy gratificante. Además, llamaba mucho la atención detrás de la mesa de trabajo, presidiendo la pared gris claro, una fotografía de medio cuerpo, de Martin Luther King y su célebre frase: “Yo tengo un sueño”, diera la bienvenida a los clientes. Susan se dio a conocer, sacó de la mochila un pen drive con documentos escaneados, fotografías en papel de malformaciones, hígados deshechos, intestinos triturados y un par de videos de una vaca presentando un parto distópico cuya ayuda veterinaria sirvió para constatar que el ternero nació ahogado. Adjuntó también varias cintas grabadas donde ha ido exponiendo diversas teorías respecto al por qué el rancho Maxwell se ha visto involucrado en tal barbaridad. El letrado repasó el dosier y desestimó las grabaciones ya que no eran concluyentes.
          –Me contó la doctora Burris que quiere usted denunciar a su padre por Homicidio Involuntario, ¿es correcto? –preguntó Sam Duvall, mientras ojeaba su agenda.
          –Bueno, no sé si es “Involuntario”, yo le advertí de los peligros humanos, agrícolas y ganaderos respecto al enterramiento de los bidones con agua contaminada y la muy alta probabilidad de que se filtrase a los acuíferos afectando a toda la comarca y fuera de ella a través de la exportación de alimentos. En este cuaderno, que también le entrego, lo detallo todo, lo que nunca supe es que, en el límite de nuestra propiedad, había pozos abandonados, donde la introdujeron.
          –Ya, pero de momento, la práctica del Fracking y volver a inyectar el agua usada de nuevo en la tierra, es legal, a pesar de que a muchos no nos guste y tratemos de buscar, por la vía legal, la manera de acabar con esa peligrosa costumbre.
          –Lo que más me indignó es que nuestra familia jamás se metió en la industria del petróleo, todos mis antepasados habían sido rancheros y granjeros. Sin embargo…
          –Cuénteme la historia desde el principio. –Así lo hizo.
          Robwell Animal food products S.A. era la empresa de mi padre y su socio, se dedicaban a la importación y exportación de forrajes que mezclaban con extrañas sustancias teniendo que sacrificar a veces muchas cabezas de ganado. Lo extraño es que los contratos firmados por ambos socios no hayan aparecido en el bidón donde estaban guardados, en la cabaña del pueblo de Garnet, como tampoco los productos químicos e insecticidas que había en otros.
          –¿Por qué quiso ganarse la confianza de su progenitor, si condena las prácticas que realiza? ¿No hubiese sido mejor llevarle directamente a los tribunales? –trataba de provocarla, como harían sus rivales en el juicio.
          –Muy sencillo: me faltaban pruebas, con intuiciones no puedes hacer nada –dijo en el fondo apenada.
          –¿Cuál fue el verdadero motivo que la llevó a crear una página web? –a Sam Duvall se le escapaban muchas cosas que no entendía. 
          –Era una excusa para controlar el registro de nacimientos y fallecimientos, las reses compradas y las que estaban por llegar, con quienes trabajaban y quienes repartían el género. Control respecto a los cargamentos de pienso comprados, su origen, la distribuidora, los componentes. Hace tiempo un restaurante tuvo problemas con una partida de bistec, con la fatalidad de que enfermaron los comensales y tuvieron que ser hospitalizados. Otro de ellos, mandó al laboratorio un trozo de carne cuyo análisis dio alto porcentaje en cadmio, arsénico y, en menos cantidad, cobre y pesticida. Las piezas salieron del rancho Maxwell. Ahí lo tiene, en esa funda de plástico lo describo con detalle. Incluí también un acceso directo para Larry Erickson –la interrumpió.
          –Conozco al veterinario, llevo el caso de Diane Erickson, su esposa, por presunto asesinato en Palestina.
          –Éramos grandes amigas –se le entrecortaron las palabras al decirlo.
          –¿Por qué le implicó? –el letrado parecía más interesado que al principio.
          –Me ayuda con la parte técnica, yo no sé diferenciar por el olor una sustancia de otra.
          –Es bueno que lo haya dicho, hay que advertirle que borre el historial de su computadora, eso podría crearle problemas. ¿Cuál es la dirección? –se la dio, la introdujo en el navegador y...
          –¡No puede ser!, ¡está vacía!, ¡no hay nada! –¡sorprendida tira el vaso de lapiceros.
          –¿Puede haber sido el socio de su padre quien haya eliminado el contenido? –preguntó realmente intrigado.
          –No lo creo, a Samuel W. Roberts le asesinaron en Tumbler Ridge. Donde estudiaba su hija, en una escuela secundaria, se produjo un tiroteo y resultó herida de gravedad, dentro de la confusión, persiguiendo al asesino, una bala impactó contra él cayendo abatido en el acto. Pero, los hombres de confianza que quedaron al frente de los negocios, es posible que hayan limpiado la imagen de las empresas borrando todo vínculo mafioso con el pasado.
          –¿Recuerda si firmó cosas en ausencia de su padre? –intuía serias complicaciones.
          –Alguno. Sí, claro –se quedó pensativa.
          –Déjeme unos días, lo estudio y decido algo. La llamaré muy pronto –se fue con el alma encogida y la duda de si aquel buen hombre estaría dispuesto a representarla. Supo de él dos semanas después. Arrancó la camioneta y puso rumbo al The Grand Hotel, donde puso el dormitorio patas arriba buscando copias de documentos que la comprometieran, se sentó de golpe en la cama, no daba crédito, ¡cómo pudo ser tan idiota de no ver que la única firma que aparecía era la suya! Escribió un e-mail al abogado comunicándoselo y deseó tener alguna respuesta.
          Decidió dar el siguiente paso: contactar en Billings con el grupo de granjeros y rancheros del condado de Sweet Grass, formados en la organización Northern Plains Resource Council, protectores de todos los recursos naturales y contarles el caso. Rápidamente comenzaron a trabajar juntos. Un total de nueve personas, además de Larry, cuando las obligaciones se lo permitían y Susan Maxwell, formaban el equipo que recorría cada palmo de terreno de Big Timber yendo a granjas, ranchos y simples cabañas donde vivían los hombres y las mujeres más humildes, labradores del campo, recomendándoles determinadas prácticas como el consumo de agua envasada, cambio de tierra de pastoreo en la que se basa la ganadería regenerativa, lavar la ropa a muchos grados, no usar pesticidas en las cosechas, cambiar de distribuidor de piensos y guardar copia de facturas y comprobantes de compra por si tuvieran que reclamar o demostrar anomalías. Era miércoles y por el horizonte se vislumbraba un amanecer con pinceladas rojizas, el viento aterciopelado acariciaba el trigo provocando un vaivén sensual en la espiga, alborotada tan solo por el vuelo veloz de pájaros migratorios y el molesto pulgón del trigo. Según se aproximaba a The Timber Bar Cowboy City, donde se dieron cita para desayunar, un fortísimo olor a estiércol de vaca la situó de nuevo en la realidad. Algunos latinos, sin papeles ni empleo, y también algún que otro afroamericano, vendían a pie de carretera tacos, popusas y el tradicional “perrito caliente” con mucha mostaza, cebolla, kétchup y chili. Susan les compró uno, de repente recordó que hacía más de veinticuatro horas que no metía nada sólido en el cuerpo, estaba hambrienta, le temblaban las manos y lo devoró antes de encontrarse con los compañeros y de partir hacia el límite de Montana con Wyoming, para asistir a la asamblea de vecinos convocada en el granero de uno de ellos.
          –¿Más café? –preguntó el camarero encantado de tener el local con tantos clientes y tan variopintos.
          –No –indicó la mayoría.
          –Pues yo si quiero uno americano –pidió el más joven.
          –¿Le pongo también un dulce? Los hace mi esposa y están muy ricos.
          –Venga, que no se diga, vamos a probarlos y nos llevaremos otros tantos –apuntaron al fondo.
          –Concretamente, ¿a dónde vamos? –quisieron saber.
          –A la pequeña comunidad de Absarokee, ubicada al suroeste de la región y famosa por la cercanía al río Stillwater –respondió el líder de base de Northern Plains Resource Council, que iba a la cabeza.
          –Por lo que sabemos son gente muy sencilla, campesinos que no han abandonado la forma de hacer antigua. Por ejemplo, usan herramientas manuales, arados de hierro y miman el terreno con absoluta dedicación, usan bueyes y caballos de labranza, porque no consumen combustibles fósiles y acceden a zonas imposibles para la maquinaria.
          –¿Es una comunidad Amish? –preguntó Susan limpiándose los labios del azúcar de los dulces.
          –Para nada, lo hacen por razones de sostenibilidad, llenar el depósito de tractores es muy caro y lastiman mucho la compactación del suelo –respondió el líder.
          –Es decir defienden la agricultura sostenible, ¿no? –matizó ella.
          –De hecho, quizá sin saberlo, es ese su método, falta convencerles respecto a la cría masiva de ganado –se subieron a las camionetas y cogieron velocidad. Con Susan iba una pareja de novios dedicados al lenguaje de las caricias con la yema de los dedos.
          Incorporados a la I-90, y durante las 55 millas que separaban Big Timber de Absarokee, fueron repasando los puntos importantes a tratar con el pueblo. El recinto donde aguardaba la veintena de vecinos era un granero vacío, el mismo que anteriormente acogió la cosecha de cebada, de maíz y forrajes de alfalfa. Sin embargo, ahora son cuatro paredes arruinadas. La crisis económica sufrida por los estadounidenses, acrecentada en la actualidad por la guerra con Irán, ha sumido a muchos campesinos en la miseria. Pequeños agricultores cuya única fuente de ingresos era la venta de los productos de proximidad y que, en este presente tan enrevesado, a consecuencia de la escandalosa subida de las materias primas, se han visto obligados a reducir la producción únicamente al consumo particular. Ataviados con sombreros de paja, pantalón tejano con peto, camisa de cuadros y un pañuelo en el cuello, los más ancianos ya estaban dentro sentados en sillas plegables, mientras que el resto, fumaban cigarrillos recostados a la sombra. Cuando arrancó la asamblea y una vez se presentaron con nombres y apellidos el grupo de Northern Plains Resource Council, el responsable contó cuál era la misión que los había llevado hasta allí: apoyar el trabajo y el esfuerzo de quienes apuestan por la conservación de la tierra, del aire, de los paisajes naturales y, por consiguiente, de la vida saludable, formando a líderes de base que orienten a la próxima generación. Susan Maxwell se ocupó de explicar por qué la carne de vacuno es un problema para el planeta, al producir un brutal efecto invernadero a través de sus gases y la mayor huella de carbono en comparación a otras proteínas. Educar en la disminución del consumo de res es una labor que en ningún caso puede ser dispersa ni impositiva, ya que, de repente, no se pueden erradicar costumbres arraigadas al ser humano, hay que ir poco a poco, ejerciendo la pedagogía del sentido común y la realidad que nos rodea. Larry, aunque llegó después, y ella, alertaron también del grave peligro de cocinar y beber agua del grifo, sin tener constancia de que pueda estar contaminada. Así como comprar comida de la marca Robwell Animal food products S.A. para el ganado. El veterinario mostró fotografías de malformaciones y nacimientos monstruosos. Detalló casos extremos y la obligación, tanto suya como de los amos, de sacrificar caballos, yeguas, vacas y demás animales de uso doméstico. Los asistentes más longevos se revolvieron en los asientos.
          –Es muy fácil para ustedes venir aquí y decirnos cómo tenemos que cambiar los hábitos –se quejaron los ganaderos.
          –No nos malinterpreten, no es eso –salió al paso otro compañero, a la vez que repartía folletos con iniciativas que apenas diferenciaban de las que usaban ahí, respecto al respeto a la tierra–. Proponemos aumentar el consumo de cereales, legumbres, verduras, pollo, etcétera, consiguiendo una dieta rica y sana, frenando también la crisis climática, aunque solo sea mínimamente.
          –Eso está muy bien para ustedes que vienen de la capital, pero para muchos de nosotros es nuestro modo de vida: criar y vender.
          –Y se puede seguir haciendo con responsabilidad, criando solo lo que se consume y lo que se necesita –intervinieron varias personas del grupo–. No proponemos arruinar el mercado, vaciar los escaparates, las vitrinas de los bares y restaurantes de manjares que todos disfrutamos, lo que hemos venido a decir, es que hay otra manera de hacer bien las cosas.
          –Para mí solo hay una: seguir como estoy –concluyó un granjero yéndose y dando un portazo.
          –Pues a mí si me interesa –soltó una joven que permanecía de pie–. Estoy al frente de la hacienda familiar y he visto con mis propios ojos cómo perdíamos la producción de todo un año, cómo caían cabezas de ganado desnutridas, a pesar de creer que las teníamos bien alimentadas. He llorado de impotencia sobre tierras irrecuperables ni siquiera dejándolas en barbecho, y todo por el ansia y la avaricia de tener más, sumar más, contar más. De manera que yo sí estoy dispuesta a escucharlos –la mayoría de los vecinos asintieron uniéndose a ella.
          –Meredith Ellis –comenzó Susan Maxwell–, es una ganadera de Rosston, Texas, que practica “la ganadería regenerativa”. Teoría de que la tierra y el ganado han de ayudarse para abordar el cambio climático trasladando al ganado de un pasto a otro para restablecer el suelo y que vuelva a dar fruto. –se acordó de una conversación que mantuvo con Paul, el capataz del rancho y la reprodujo–. ¿Conocen la leyenda de los 30 millones de bisontes cuyas pisadas retumbaron en los estados de las Grandes Llanuras?
          –No, ni idea –respondieron también sus compañeros.
          –Estos rebaños destruían los pastizales comiéndose toda la vegetación y dañando lo que quedaba con sus pezuñas, después cubrían el destrozo con sus propias heces ricas en nitrógeno, de manera que pasado un tiempo prolongado, el suelo volvía a estar en condiciones para recibirlos a ellos u otras manadas.
          –¿Dividir los pastizales en parcelas más pequeñas para que vayan cambiando, significa a su vez reducir las cabezas de ganado sin dejar de producir? ¿Es eso?
          –Lo has definido perfectamente –quedaron en volver pasado un mes, era evidente que ya tenían a su líder de base: esa joven muchacha con ganas de aprender y sacar a los suyos adelante.
          Cuatro semanas después, los hijos de Oliver Brown Jr., de cinco y seis años de edad, mejoraron muchísimo gracias a la generosidad de los feligreses de Boulder Vallery Baptist Church, cuyo reverendo solicitó una colecta para ellos, tanto en víveres como algunos dólares. Larry y Susan encabezaron una caravana humana que portaba leche, agua embotellada, patatas, hortalizas, medicinas, ropa de abrigo, juguetes, pan recién hecho, gallinas ponedoras, conejos y un perrillo que acompañaría a los pequeños en ausencia de su madre. Una mujer valiente que murió envenenada y abandonada por la clase médica.