ÁNGEL BARCELONA.
Le conocí en los últimos meses de
su vida. Me atrajo de él, como persona, la visión que tenía del mundo, la
preocupación que le mantuvo activo respecto a los conflictos que nos sacuden
actualmente: guerras, hambruna, polarización, racismo, xenofobia, maltrato y
asesinato a mujeres, aumento de la violencia vicaria, de la gente vulnerable e indefensa,
o de las ancianas y ancianos olvidados. Durante las largas conversaciones que
mantuvimos, compartiendo espacios de encuentro entre cafés y cervezas, a pesar
de la dificultad para entendernos, consecuencia de la sordera que le aislaba,
me llamó muchísimo la atención el grandísimo respeto que le tenía al Planeta y,
por supuesto, al ser humano, en su más pura esencia. Su compromiso con los
jóvenes, sintiéndose uno más entre ellos, le quitó de golpe años de encima,
opinando sobre medioambiente, sobre el sistema de la sociedad de consumo que
nos asfixia, sobre el detrimento de la justicia y su credibilidad, de la
pérdida de valores, del empequeñecimiento del pueblo soberano y de las cosas
más sencillas que él convertía en grandes discursos. Ángel era un conquistador
con exquisita sensibilidad, un galán pícaro, delicado y muy suyo, capaz de
emocionarse si percibía algo de calor y un fiel defensor de la libertad. No sé
si encontró aquel sitio del que tanto me habló, si pudo reconciliarse consigo
mismo, si fue capaz de dejar que volasen determinados pájaros que a veces le
atormentaban dentro de la cabeza, pero de lo que sí estoy absolutamente segura,
es de que la Tierra será un poco peor sin él.
¡Y no te olvides de
Concha! Jueves, 11 de julio de 2013.
Aunque me siento ibicenca, el seny catalán y mi sangre andaluza
han sido una buena mezcla de cosas que me han ayudado a vivir.La amistad es uno de los lazos más importantes que te unen a la vida.
Concha García Campoy.
A
través de los auriculares que tengo puestos, la voz de Ana Belén me acompaña
con la canción Ahora –Ancora–, dándome fuerza para escribir estas
líneas. Se va la noche y no me duermo, no te me irás del pensamiento...
Concha García Campoy pertenecía a ese grupo de comunicadoras con estilo propio:
Olga Viza, Ángeles Caso –consagrada hoy a la literatura–, Montserrat Domínguez,
Julia Otero…, mujeres con enjundia, periodistas de una generación nacida a
finales de los cincuenta y principios de los sesenta, cuya manera de contar la
realidad jamás ha estado encorsetada, sino acompañada
de veracidad, –como en prensa escrita lo son Maruja Torres, Olga Rodríguez, o
Karmentxu Marín, por citar tres ejemplos–. Son muchos los compañeros que, hayan trabajado o no con ella,
están resaltando, además de la profesionalidad que la caracterizaba, la
magnífica persona que fue para cada uno de ellos. Generosa, solidaria, humilde,
cómplice, perfeccionista o muy amiga de sus amigos son una pequeña pincelada de
lo que podemos leer en los periódicos, escuchar en las radios y ver lo que cuentan en las televisiones. También
las redes sociales lamentan su pérdida, así como en los blogs personales de
escritores, y en los de las gentes anónimas,
está quedando plasmada la admiración y el respeto por ella, además de mucha
rabia e impotencia, al ver que una vida joven y cargada de proyectos como la
suya, como la de tantos otros, queda interrumpida, bruscamente, por la
inexorable muerte. Sigue Ana: ...a veces hablo a los espejos, por eso saben
mis secretos. Concha amaba el cine, –desde 1999 hasta 2002, pilotó en Tele 5, el programa contenedor La
gran ilusión, donde disfrutamos de grandes películas y de magníficas
charlas, que tan bien manejaba Concha con sus entrevistados–, pero sobre todo,
disfrutó mucho como espectadora, y también
realizando algunas colaboraciones en El rey del mambo, Los peores años de
nuestra vida, o en series de televisión como 7 vidas u Homicidios.
Siempre tuvo cabida en todos sus programas el séptimo arte, y nunca escatimó un
comentario de elogio, o una recomendación atrevida a nuevos talentos:
directores, actores, guionistas…, coincidiendo todos en una cosa: haber tenido
la oportunidad y el privilegio de haberse asomado al cálido balcón de su
sonrisa.
Ahora, ahora, ahora./Hago mil cosas
que no debo/tiro una piedra sobre tu ventana... Varios recuerdos se agolpan
en mi memoria y piden paso para salir: entrevistas inconfundibles con la marca
Campoy que me emocionaron y de las que tanto aprendí, telediarios con el corazón en un puño, donde
la serenidad de Concha armonizada en su rostro nos
ponía al corriente de la actualidad. El 12 de marzo de 1988 yo estaba pegada a
la radio, llena de ilusión y de esperanza, con
los nervios de oyente bien puestos en su sitio. Sintonizaba Radio Madrid, porque en breves minutos la Cadena SER estrenaba
nueva programación para el fin de semana, una apuesta cargada de frescura, de
rigor, de sentido del humor, de mucho respeto y mucha profesionalidad. Empezaba A vivir que son dos días y al frente de
esos micrófonos Concha García Campoy, junto a Javier Rioyo, entre otros; un equipo joven y lleno de ideas innovadoras.
Hay un momento difícil y memorable en
la historia de la televisión, una imagen que se me ha quedado grabada –aunque
debo confesar que con alguna laguna–. Es aquella en la que están Luis Mariñas y
ella, en un estudio de TVE, al frente del telediario 1. Acababan de recibir la
llamada que les anunciaba la colocación de un artefacto explosivo en el Ente
público. Desalojaron el edificio y se quedaron solos, porque, como escribió
Concha nada más estrenar su blog en la web de Tele 5: “Decidimos
quedarnos porque entonces éramos la única ventana y el símbolo de que no se cedía al chantaje
–aún no habían aparecido las privadas, la digital y todavía faltarían unos años
para que Internet irrumpiera en nuestras vidas–”. Años después la escuché decir
en algún sitio que pasaron un miedo terrible y que le pidió a Luis que la
cogiera de la mano fuera de plano, porque, si iba a morir, quería hacerlo
sintiendo el calor de quien fuera uno de sus grandes amigos.
Se va la noche y no me duermo, y los
segundos son tan lentos... Así
imagino que habrán pasado la noche Manuel Campo Vidal, Fernando G. Delgado,
María Rey y María Escario –algunos de sus amigos y compañeros–, dejando pasar
los segundos, resistiéndose a manejar la
actualidad sin la opinión inteligente y crítica de Concha, a hablar de la
Campoy en pasado, y a seguir adelante, porque no queda otra, aunque a cada uno
de ellos, y a la propia Ibiza –donde se crió y creció a pesar de haber nacido
en Terrassa, Barcelona– se le haya apagado un poco la luz. Estoy segura
de que los medios de comunicación se han quedado más huérfanos, y nosotros
también. Seguramente, la Concha, mujer de radio, estará en algún punto del dial
que todavía no hemos sintonizado. Quiero concluir reconociendo la entereza que
tuvo afrontando la enfermedad con optimismo y valentía, siendo un ejemplo a
seguir por los suyos, y por quienes lo hacíamos a la sombra. Voy cerrando estas
palabras, emocionada, este pequeño homenaje hecho con humildad, para una de las
grandes, al mismo tiempo que la voz de Ana Belén acaba la canción con fuerza, y
me ayuda a mí con el final: Aunque
me encontrara un ángel, dudaré, si me hará volar tan alto como tú…
Nota: En 1962 sobrevivió en la riada del Vallés, sin embargo, no ha podido
ganarle la batalla al cáncer.
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